Librame...





Sutil bálsamo de la rígida medianoche,
que cierras con tus cuidadosos dedos
nuestros ojos que ansían ocultarse de la luz,
envueltos en la penumbra de un olvido celestial.

Dulcísimo sueño, si así te da la gana, cierra
en medio de tu cantar mis ojos anhelantes,
o aguarda el “así sea”, hasta que tu preciosa flor
derrame sobre mi lecho los dones de tu arrullo.

Líbrame pues, o el día que se fue volverá
a alumbrar mi almohada, engendrando aflicciones.

De la conciencia líbrame, que impone, inquisitiva,
su voluntad en lo oscuro, hurgando
como un perro que busca su hueso en la tierra.

Gira bien con la llave los cierres engrasados
y sella así la urna silenciosa de mi espíritu.


Madrid/2011





Y el amor es un fuego...





no obstante el amor, por ser amor,
es lindo.

Igual arde reluciente
el gran sol y la hierba.

El mismo fuego
lame quemando el pino y la hiedra.

Y el amor es un fuego; y cuando digo
te amo, oh Dios, te amo.

Ante tus ojos
me transfiguro en esplendor y
siento
mi rostro centelleante que deslumbra.

En el amor no puede haber crueldad
aunque para amen los de los seres más ruines,
que cuando aman a Dios Él los acepta.

En la apariencia ruin de lo que soy
brilla el sentimiento y purifica,
por ser fruto del amor, lo que es de carne.


Madrid/2011








Este particular tiempo...





Cuando te veo estar, mi amada indolente,
paseando el hastío de tu mirar profundo,
suspendiendo tu paso lento y armonioso
mientras suena la música que se pierde en las paredes y los techos.

Cuando veo el reflejo de la luz que acaricia,
tu frente coronada de un mórbido atractivo;
donde las luces últimas del sol traen la aurora,
y  tus para mi, fascinantes ojos.

Y me digo: ¡Qué linda es! ¡Qué lozanía extraña!
¡Que aroma que se impregna en mi!
los varios recuerdos,
la habitación y su corazón, prensados como fruta,
y su cuerpo, prestos para el más sabio amor.

¿Serás fruto que en otoño da maduros sabores?
¿O el vaso fúnebre que aguarda ser colmado por las lágrimas?

Sé que ahora son mis ojos arrasados por la cruel melancolía
que no guardan escondido ningún precioso secreto,
que esos dos ojos tuyos.

Pero ¿No basta que seas la más sutil apariencia,
alegrando al corazón que huye de la verdad?
¿Qué más da tontería en vos, o peor aún, la indiferencia?
te saludo adorno o máscara. Sólo adoro tu belleza.



Madrid/2011




Si llegara a encontrarte...





Cuando nos separamos
en vagas palabras y entre lágrimas,
con el corazón partido,
apartándonos sin estar juntos,
tu mejilla se volvió pálida y fría,
más fríos tus besos ausentes;
y es verdad que aquella hora predijo
el dolor de esta.

El frío de aquella mañana
se hundió gélido en mi frente,
lo sentí como el preludio
de lo que hoy siento.

Tus palabras fueron quebradas,
y ligera es tu fama:
escucho decir tu nombre
y comparto su vergüenza.

Te nombran en mi presencia,
lúgubres voces y letras en mis oídos y ojos.

¿Por qué te he querido tanto?
todavía están los que no saben que te conocí,
los que te conocen demasiado bien.

Largo, largo tiempo he de arrepentirme de vos,
hondos pensamientos que jamás diré.

En silencio nos conocimos,
en silencio me lamento
de tu corazón proclive al olvido

Si llegara a encontrarte
tras largos años…



Madrid/2011




Vamonos de acá poemas y canciones mías...




Vámonos de acá poemas y canciones mías; ella no leerá ni escuchará.
Vámonos de acá juntos sin temor.

Guarden silencio, ha pasado ya el tiempo de cantar;
las viejas y queridas cosas han acabado.

Ella no nos ama, ni a ustedes ni a mí, como nosotros la amamos
sí, aunque cantásemos como ángeles en su oído, ella no escucharía.

Levantémonos y vámonos; ella no lo sabrá,
vayamos hacia el mar como los grandes vientos,
henchidos de espuma y arena ¿De qué vale quedarnos?
De nada sirve, pues las cosas son así,
y el mundo entero es amargo como una lágrima.

Y, aunque se esfuercen en mostrar cómo son las cosas,
ella no lo sabría.

Vamos a casa, ella no llorará.
dimos al amor muchos sueños y días que guardar,
flores sin aroma, y frutos que no crecían.

Todo está ya segado; no queda hierba que cortar.
y a los que hemos sembrado, aunque el sueño nos venciera,
a ella no le importaría

Vámonos de acá y descansemos; ella no amará.
no oirá si cantamos acerca de esto,
ni verá los caminos del amor, cuán dolorosos y escarpados son.

Vengan ya, que así sea, no digan más nada; ya basta.
el amor es un mar baldío, amargo y profundo;
y aunque ella contemplara el cielo entero en flor allá arriba,
ella no amaría.

Abandonemos, alejémonos; a ella no le importará.
aunque todas las estrellas convirtieran el aire en oro,
y el incansable mar viera ante sí moverse
una flor de luna que embelleciera todas las flores de espuma;
aunque nos cubrieran las olas y arrojaran
a la profundidad los labios ardientes y el cabello ahogado,
a ella no le importaría.

Vámonos de acá; ella no lo verá.
cantemos todos, una vez más, juntos; acaso ella,
ella también, al recordar días y palabras que fueron,
se volverá un poquito hacia nosotros, suspirando; pero nosotros
ya nos habremos ido, nos habremos marchado,
como si nunca hubiésemos estado aquí.



Madrid/2011










Amor y verso...





Si, lo sé, lo confirmo,
sé que soy dos veces tonto,
por amar, y por decirlo
en poesía quejumbrosa.

Pero ¿Dónde está ese sabio, que no podría ser yo,
si ella no me rehusara?

Así, como las vías interiores, tortuosas,
purgan el agua del mar de la corrosiva sal,
pensé que si alejar conseguía mis pesares
por la inoportuna rima, los aliviaría.

El pesar, cuando al metro se reduce, no puede ser tan agudo
ya que, si verso se encadena, éste se somete.

Mas, cuando eso está hecho, alguien,
por mostrar su arte y su voz,
mi dolor compone y canta,
y mientras a otros deleita,
de nuevo
el dolor libera que los versos contenían.

Al amor corresponde el tributo del verso y al dolor,
pero no el de aquel que cuando es leído agrada.

Ambos por estos escritos se incrementan,
pues así son los triunfos de ambos difundidos.

Y yo, que dos veces tonto era, paso así a serlo tres,
pues son los mejores tontos los que un poco sabios son.



Madrid/2011